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NATURALEZA MUERTA - LAS CONSECUENCIAS SOCIOAMBIENTALES DE LA EXPLOTACIÓN DE LA TIERRA

  por Joaquín E. Bousoño

A la hora de pensar un problema que nos impacta en la actualidad, y que será cada vez más relevante con el paso de los años, resulta de vital importancia destacar la explotación instrumental de la naturaleza que se lleva a cabo desde fines del sglo XX hasta la fecha.

 

Autoras como Mónica Cragnolini (2020) y Maristella Svampa (2020) retoman este tema y lo vinculan directamente con la actual pandemia del COVID-19, mientras que el autor Michael Löwy (2012), lo menciona para ponerlo en diálogo con el marxismo y la teoría acerca del capitalismo. Para formular ideas respecto al rol del Estado y la teoría del valor, se valorarán escritos de Marx (2003 y 1982) y Harvey David (2005). A lo largo del texto también se nombrarán otras autoras y autores que sirvieron y sirven de guía a la hora de articular ciertos temas relevantes.

 

Durante el año 2020, Argentina se vio afectada por diversas situaciones que evidenciaron la perspectiva instrumental con la que los humanos nos vinculamos con la naturaleza o, como dice Cragnolini, dominamos la tierra como objeto disponible, como recurso.  La -ya usual- quema de pastizales, los múltiples incendios en los bosques de Córdoba, inundaciones en diversas ciudades (la más reciente en Pinamar), son sólo algunos ejemplos de las consecuencias que este manejo de la naturaleza tiene para la humanidad. El problema del agua y la contaminación de los ríos es un proceso contínuo que nadie ha detenido; en 1950 había playas de agua potable en el Río de la Plata, y ahora sus aguas son hediodas. En el Riachuelo se arrojan todos los residuos industriales y domésticos de ambos cordones del conurbano bonaerense, lo cual lo ha convertido en un foco infeccioso impactante. La despreocupación oficial es de tal magnitud que en la actualidad (2021) se proyecta mudar el histórico puerto de Buenos Aires, pues los desechos subyacentes en su lecho impiden el ingreso de barcos de gran calado. Ningún gobierno se propuesto seriamente limpiar las aguas de tales ríos, o al menos dejar de contaminarlos en una era en que el problema del agua potable toma cada vez más relevancia mundial.

 

Para comenzar a trazar un análisis de este fenómeno, resulta importante plantearse cuáles son las causas que llevan a que los humanos conciban la tierra como "una estación de servicio"(como planteaba Heidegger), y por lo tanto, nos dirijamos hacia una inevitable destrucción del suelo que habitamos. Esta dominación de la naturaleza que se lleva a cabo está fuertemente relacionada con el manejo instrumental de los recursos sociales, ambientales y económicos. Para este tipo de manejo es prioritario conocer "científicamente" la realidad natural y social sobre la cual se va a actuar. Cuando Max Horkheimer escribió Crítica de la razón instrumental (1947), realizó un análisis crítico sobre el pragmatismo contemporáneo que define todo el proceso social moderno, en el que el valor está dado por la eficiencia, la habilidad y el costo.

 

Más de 70 años después, se advierten los efectos en los intentos del ser humano por la dominación y subyugación de la naturaleza, basada en su explotación productiva con el fin de lograr un progreso material de la sociedad.

 

"Vivir bien" es concebido como un consumo sin límites dentro del marco del provecho propio, mientras que el bienestar colectivo queda relegado a un segundo plano. En este sentido, Michael Löwy asegura que Marx, a pesar de ser acusado de "productivismo" por parte de los ecologistas, "denunció (...) la lógica capitalista de producción por la producción, la acumulación del capital, de las riquezas y de las mercancías como un objetivo en sí. (...) El objetivo supremo del progreso técnico, según Marx, no es el crecimiento infinito de bienes ("el tener"), sino la reducción de la jornada de trabajo, y el crecimiento del tiempo libre ( el "ser") (Löwy, 2012, p.64). Si como sociedad pensamos a la naturaleza en términos de acumulación, se seguirán cometiendo los mismos errores una y otra vez, profundizando las consecuencias cada vez más.

 

Maristella Svampa asegura que "Las causas socioambientales de la pandemia muestran que el enemigo no es el virus en sí mismo, sino aquello que lo ha causado" (2020, p. 25). Se puede hablar entonces de una especie de dialéctica en la que se inscribe la tecnología, ya que, por un lado, el "progreso" excita, trae eficiencia y comodidad, pero por otro, en nombre de ese progreso, contaminamos el aire y el agua, quemamos bosques e inundamos ciudades. Cragnolini, cuando menciona la ontología de la guerra, también alude a esta ambivalencia cuando escribe que "los elementos tecnocientíficos, que se suponía debían servir al progreso de la humanidad, se ponen al servicio de la muerte" (2020, p.41).

 

Siguiendo esta línea, podría retomarse a la autora Flavia Costa y su artículo de la revista Anfibia en el que describe nuestra era como el del "Tecnoceno": "la época en la que, a través de poner en marcha tecnologías de alta complejidad y de altísimo riesgo, dejamos huellas en el mundo que exponen completamente no sólo a las poblaciones de hoy, sino a las generaciones futuras en los próximos cientos de miles de años." (recuperado de: http://revistaanfibia.com/ensayo/la-pandemia-accidente-normal/, 2020). Allí, la autora desarrolla la idea de que el COVID-19 es un "accidente normal", no generado por una guerra, sino que son cuestiones inherentes e inseparables de la productividad de este sistema, de su desarrollo. Al "superhumanizar" el mundo, como dice Cragnolini, lo adaptamos a las necesidades exclusivas de los humanos, dejando de lado la organicidad propia de la naturaleza. De esta forma, se prioriza la ganancia por sobre cualquier otra cuestión, como la salud de las personas que la habitan.

 

Debe ponerse el foco en el producto, en la creación, más que en el productor o creador. Lo que realmente cuenta es la eficiencia, la cantidad y la intensificación del proceso laboral. De esta forma, la subjetividad del productor se ve totalmente atrofiada y reducida a un objeto entre otros. De esto habla Karl Marx en la teoría del valor, cuando explica que para poder equiparar los valores de cambio de un producto con los de otro, hace falta abstraer sus valores de uso e igualarlos más allá de qué función cumplan. Esto genera que también se haga una abstracción de los diferentes trabajos que hacen que un producto sea lo que es. El resultado es "trabajo abstractamente humano". Si una casa equivale a 100 mesas, el trabajo del albañil y el del artesano son indiferentes.

 

Es en estas situaciones de emergencia como la que se atraviensa en el lapso 2020/2021, en las que se deben reflotar discusiones esenciales como la del rol del Estado. Frente a la pregunta de cuál debe ser el lugar que éste debe ocupar, existen principalmente dos respuestas. Por un lado hay quienes opinan que su intervención debe ser la mínima e indispensable, para dar lugar a que capitales privados ocupen sus tareas, mientras que, por otro lado, están quienes afirman que el Estado debe ocuparse de mayores tareas, principalmente las relacionadas con la distribución de ingresos, tratando de reducir las desigualdades sociales y las inestabilidades económicas.

 

Harvey David (2005, P.112) explica que la liberalización mercantil - hoy encarnada por neoliberales y libertarixs- no producirá un estado de armonía en el que todxs estarán mejor, sino que producirá mayores niveles de desigualdad social. Esto se vio claramente durante los últimos años de neoliberalismo en Argentina y en ciertos países del mundo. En concordancia con este punto de vista, Svampa menciona la crisis del 2008 y su intento de solución neoliberal, que llevó a la concentración de capitales y favoreció la contaminación ambiental. Por otro lado, habla de que la salida ideal de una crisis, en particular ésta que atravesamos que tiene factores biológicos, sería una con un Estado que valorice el paradigma del cuidado y la vida, y por lo tanto que se involucre y tome acción en lo que sucede. Durante la pandemia hubo Estados históricamente no intervencionistas, como Estados Unidos, que debieron dar respuestas directas, como la distribución de dinero a gente afectada, y grandes sumas invertidas en la compra de vacunas.

 

Lo que queda claro luego de atravesar diversas experiencias críticas, de crisis socioambientales y económicas, es que deben abandonarse las visiones antropocéntricas e instrumentales, y no seguir profundizando la mercantilización de la salud y el ambiente. El Estado debe cumplir como garante de derechos, y tener un rol activo en la distribución de riquezas -también de vacunas-, pero intentando salir del modelo extractivo exportador, que tanto foco hace en los agronegocios y la megaminería.

 

 

(Foto del incendio de Córdoba, año 2020)

02/03/2021

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