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GENERACIÓN POST-COVID, DESAFÍOS Y OPORTUNIDADES PARA EL DESARROLLO HUMANO

  por Luciana Gesto Rothar

Este artículo se centra en las múltiples implicaciones que tuvo la pandemia en el progreso (presente y futuro) del desarrollo humano en los niños y jóvenes de América Latina. Asimismo, el presente artículo se centrará en la educación como uno de los ejes fundamentales para el desarrollo humano. Por otro lado, se advierte que la información contenida en este proviene del artículo formulado por UNICEF, denominado: “El cementerio invisible del COVID-19: pérdidas intergeneracionales para la niñez y adolescencia más pobre y medidas para abordar una pandemia de desarrollo humano.”

Actualmente, y tras los eventos ocurridos a causa de la pandemia del COVID-19, nos encontramos ante una disyuntiva compleja pero, creo yo, posible de resolver. Esta cuestión tiene como principal víctima a los niños y jóvenes de América Latina, y es en torno a uno de los ejes principales que hace a su desarrollo como personas, la educación (reconocida como un factor clave para la movilidad social).


Ante todo, se sabe que la desigualdad preexistente a la pandemia en América Latina fue agravada. Todos los países de la región fueron afectados en una mayor o menor medida. Consecuentemente, el descontento social y las tensiones e inconformidad fueron reflejadas en múltiples protestas que se estuvieron realizando en los diversos países de la región. La pandemia ocasionó un quebrantamiento de los lazos más profundos entre la sociedad y el gobierno. Los Estados se vieron, en su mayoría, limitados en su accionar y en sus recursos ante la problemática mundial de la pandemia. El incremento del descontento y la incertidumbre dieron pie a reacciones contrarias ante las políticas e intervenciones que daba el congreso. En un contexto donde varios se animan a nombrar una presunta crisis del Estado-gobierno y el Estado-Nación, se encuentra afectada la población ante la falta de respuestas efectivas y que puedan alcanzar y anticipar los múltiples e instantáneos problemas de un presente que hoy se muestra como vertiginoso.


Igualmente, el presente artículo se dispone a explicar la problemática de la educación en niños y jóvenes en tiempos de pandemia, presentando, por último, posibles soluciones que darían respuesta ante esta necesidad. La situación actual de América Latina, en torno al desarrollo humano, se muestra extremadamente vulnerable dada la fragilidad de políticas educativas e intervenciones en las diferentes etapas de la infancia y juventud. Particularmente, el desarrollo educativo para la niñez y adolescencia en situación de pobreza, distribuída entre aquellos menores de 5 años y los niños y jóvenes de 5 a 18 años. Siendo este intensificado en los casos de niños con discapacidades diferentes, niños y niñas pertenecientes a minorías etnolingüísticas, poblaciones indígenas, o poblaciones en movimiento; y los niños y niñas del quintil más pobre.


En primer lugar, la existencia de un entorno estable, armonioso y estimulante es esencial para el desarrollo de las habilidades cognitivas y socioemocionales de los niños y niñas. Es necesario que todos posean los medios y oportunidades para poder aprender en este tipo de entornos y así poder tener un mejor desarrollo en etapas futuras de su vida. Para ello, se propone, ante el cierre de las escuelas, acompañarlos con intervenciones esporádicas enfocadas en prácticas parentales y al entorno del niño o niña para poder, así, mitigar el impacto de dichas adversidades. Sin dejar de recordar que las escuelas son esenciales para el desarrollo social y emocional de las personas, especialmente en la primera infancia.

En casi todos los escenarios, la mayoría de los niños y niñas ha perdido más de un trimestre de un año escolar durante esta pandemia (Acevedo et al., 2020). La reducción y hasta ausencia de interacción con el otro y de aprendizaje en un entorno presencial pueden provocar consecuencias devastadoras en el crecimiento, el desarrollo, el bienestar y la autoestima de las personas, como la interacción social, los deportes y las actividades físicas, los exámenes y las evaluaciones, además de incrementar la violencia doméstica y de provocar un retroceso en la paridad de género.Por ello, y muchas cosa más es primordial que los niños/as puedan retornar lo más pronto posible a la escuela.

En segundo lugar, el aumento del teletrabajo y el consecuente aumento de la desigualdad en el ámbito laboral, llevó a muchos niños/as en situación de vulnerabilidad a situaciones donde la consistencia en el estudio en el hogar era insostenible. Muchos de ellos, se quedan solos y sin atención en la casa, con un contacto esporádico e irregular con el sistema educativo. El empeoramiento de las condiciones económicas en los hogares, causó un aumento en las tensiones dentro de los hogares debido al estrés y la incertidumbre causada por la situación previamente mencionada. Es conocida la relación existente entre el aumento del estrés y el deterioro de la calidad de las prácticas parentales ante la escasez de recursos (con lo cual, se afirma que los padres, en esta situación, no pueden reemplazar el rol de los docentes en las aulas presenciales). Seguidamente, se debe mencionar que este tipo de situaciones llevan a los chicos a ser propensos a caer en altos niveles de estrés, ansiedad y depresión. Asimismo, debido a la desigualdad y pobreza existentes en la región mencionada, resulta una dificultad obtener un acceso digno a una buena conectividad del hogar. A su vez, aunque la conectividad estuviera no resultaría fácil para los familiares del niño/a ofrecer educación temprana y experiencias formativas por las razones ya mencionadas.


En tercer lugar, la ausencia de acceso presencial o remoto a las escuelas e instituciones públicas, como los centros de desarrollo infantil y atención temprana, terminaría siendo la causa de menores posibilidades de desarrollo humano para los niños con menos recursos. Según menciona el informe de UNICEF, en Colombia las guarderías comunitarias conocidas como Hogares Comunitarios de Bienestar Familiar (HCBF) ofrecen estos servicios a los niños y niñas de seis meses de edad en adelante. Según Hincapié et al. (2020), los servicios públicos para hijos de familias en situación de pobreza han sido cerrados y en la mayoría de los casos ni siquiera existe un plan para su reapertura. La misma situación se produce en Argentina, Chile, Ecuador y Panamá. En algunos casos, como México y Uruguay, las guarderías se han adaptado para ofrecer servicios de manera remota. Dado que, en muchos casos, las guarderías ofrecen alimentos, su cierre crea múltiples problemas para las familias pobres y sus hijos: la eliminación del apoyo que proporcionan los centros, junto a la eliminación de la alimentación suplementaria. Algunos de los servicios de atención a la primera infancia se han adaptado durante la pandemia para llevar el apoyo directamente a los hogares, en algunos casos por medio de trabajadoras de cuidados.


En cuarto lugar, se debe considerar que en la primera infancia, gran parte de lo que importa y afecta al desarrollo de la persona, como los juegos, la interacción, y la exploración sucede a través de interacciones personales. Adaptar estas actividades a modalidades a distancia es extremadamente complicado. Más aún si nos referimos a familias con un entorno económicamente limitado donde además de esta dificultad, se añaden presiones externas. El nivel de estrés de los padres, madres y cuidadores tiende a aumentar, lo que provoca un incremento de la violencia doméstica, tanto hacialos niños y niñas, como hacia las mujeres. En términos generales, muchas de las políticas aplicadas para limitar la propagación de la pandemia generan aislamiento social y emocional. En conjunto, estas diversas causas constituyen un choque de consecuencias devastadoras para la salud mental, la resiliencia individual, y la estabilidad familiar. Se presta mucha atención a la magnitud de los efectos de la pandemia sobre la salud mental y los ingresos. Sin embargo, se siguen infravalorando los impactos sobre los más pequeños. Si se tiene en cuenta la importancia de la primera infancia en los resultados a largo plazo, son los niños y niñas de hoy quienes soportarán el mayor impacto de la pandemia durante el resto de sus vidas, tanto en América Latina como en casi todo el mundo.


Por otra parte, las escuelas pertenecientes a los barrios más precarios no poseen los recursos necesarios para realizar una educación a distancia. Por tanto, mantener dichas escuelas cerradas pone en un peligro inminente la educación de miles de niños y niñas (tanto de enseñanza primaria y secundaria). Ya que en sus respectivos hogares, los estudiantes tienen que atender su educación por sí mismos, sin contar con una supervisión externa por parte de los familiares convivientes (en la mayoría de los casos). Como menciona el artículo de UNICEF, la pobreza digital acompaña a la pobreza económica y añade otro obstáculo al desarrollo infantil; la limitada (existente) infraestructura física, conectividad, y (a veces) alfabetización de los padres, madres y cuidadores complica el acceso a Internet y a otras fuentes de información. Aparte de las carencias digitales y de recursos físicos, el entorno familiar plantea en sí mismo otro reto. Cuando los niños y niñas viven en condiciones de hacinamiento, es más difícil encontrar el espacio y la tranquilidad necesarios para seguir las lecciones desde casa – en caso que, en primer lugar, se estén ofreciendo tales lecciones. Asimismo, una de los efectos de la pandemia sobre la educación fue la significativa reducción del “tiempo de aprendizaje” durante los días laborales, tanto en estudiantes de educación primaria como secundaria. Un aspecto a resaltar, es que la disminución del tiempo de aprendizaje fue mayor en hogares con menos recursos que en aquellos hogares donde conviven familias más pudientes con acceso a más y mejores recursos.


Es evidente que en América Latina la situación en torno a la educación es considerablemente peor que la de los países desarrollados. En al menos una tercera parte del continente, las escuelas llevan cerradas un largo tiempo y, en algunos casos, no hay siquiera un calendario para su reapertura. Según indican las estadísticas del informe de UNICEF, el resultado es que los niños y niñas latinoamericanos han perdido, de promedio, 174 días lectivos, cuatro veces más que en el resto del mundo. Mientras tanto, el 75 por ciento de los colegios privados han organizado algún tipo de enseñanza a distancia, frente al 50 por ciento de los colegios públicos. Las estimaciones actuales indican que sólo un tercio de los niños y niñas latinoamericanos tiene acceso a una enseñanza a distancia de calidad. La desigualdad en el acceso se ve agravada por múltiples vulnerabilidades, como las discapacidades, la
etnicidad, las distancias geográficas o la dislocación ocasionada por la migración. La pobreza en sí misma es también uno de los principales factores. Una vez más, las personas pobres, que son quienes más utilizan las escuelas públicas, son las que más sufren las consecuencias de la pandemia. Estos impactos en el sistema educativo y el acceso a la educación probablemente provocarán un retroceso significativo en los niveles de rendimiento escolar y, por consiguiente, se verán reflejados en forma de pérdida de ingresos y de productividad a medio plazo.

En torno a esta situación, los gobiernos se vieron obligados a enfrentar una demanda sin precedentes caracterizada por una rápida evolución y flujo constante de nueva información. Según se menciona en el artículo de UNICEF, los gobiernos obtienen mejores resultados cuando utilizan la infraestructura de los programas existentes que cuentan ya con un reconocimiento social y con la confianza de las personas beneficiarias. Las comunidades y las personas vulnerables, que ya sufren las consecuencias negativas en sus economías, su educación y su salud, necesitan estabilidad y certidumbre en la recepción de una ayuda que les ofrezca cierto alivio y apoyo. En este sentido, resulta clave contar con el apoyo de la comunidad y con normas sociales claras, y mucho más en medio de la incertidumbre, la ambigüedad, y la volatilidad que ha traído la pandemia. Una de las ideas mencionadas, fue la de
mejorar las intervenciones gubernamentales que apuntan a mejorar las prácticas parentales en el hogar. Se afirma en respectivo artículo que, las intervenciones que aprovechen las infraestructuras existentes para la aplicación de las políticas y que estén basadas en la apropiación y la participación comunitaria facilitarán un impacto más sostenible, escalable y de mayor calidad.


Los desafíos que tienen los gobiernos de América Latina ante esta situación pueden servir como el detonador para generar la oportunidad de mejorar diversas situaciones que se veían estancadas por la falta de políticas públicas. El desafío está en poder, a partir de estas problemáticas, generar políticas públicas que generen cambios trascendentales en el sistema educativo para un mejor desarrollo humano de la población.


En primer lugar, se podría mejorar la asistencia financiera y la disponibilidad de recursos para abordar los problemas económicos que sufren las familias. En segundo lugar, se debería proporcionar una asistencia directa a las prácticas parentales para que puedan ejercerse a distancia, teniendo en cuenta el riesgo de retroceso en la paridad de género. Es importante que ambas medidas se apliquen utilizando el potencial de las comunidades y las infraestructuras de política existentes para un mayor éxito. Ya que el apoyo y la participación de la comunidad desempeña un papel esencial para la difusión de la asistencia ofrecida a sectores específicos de la sociedad, como las poblaciones más pobres y los niños, niñas y adolescentes. En el contexto actual de pandemia de COVID-19, la
comunicación y el apoyo de la comunidad (incluidos los agentes de cambio social), generaría un impacto absolutamente decisivo para seguir promoviendo el desarrollo humano y las normas de comportamiento relacionadas con la pandemia.


En términos generales y para finalizar, me gustaría mencionar que la posible solución mencionada en el artículo de UNICEF presenta un gran desafío para la región de América Latina pero en caso de ser posible, se convertiría en un gran avance para la región. Dicha solución implica que la principal condición para habilitar intervenciones efectivas destinadas a revertir el avance de las múltiples complicaciones en el desarrollo humano en América Latina será el compromiso de todos los niveles de gobierno (comunidad, local, municipal, estatal y nacional), unido al apoyo de los organismos financieros bilaterales y multilaterales, para diseñar, planificar y actuar a nivel sistémico en la implementación de un enfoque integrado para todas las edades y todos los actores interesados.

05/11/2021

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