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EX-ESMA

  por Alberto Martínez

Memoria - Derechos Humanos - Argentina

El Ex Esma era la Escuela de Mecánica de la Armada, hoy un espacio de memoria y derechos humanos que fue unos de los símbolos del terrorismo de Estado que se implementó en Argentina de 1976 a 1983. Es uno de los lugares más simbólicos que perduran de aquellos terribles años. Además de este, situado en Buenos Aires, funcionaron en todo el país más de 750 centros clandestinos de detención, tortura y exterminio, a manos de los responsables de la dictadura.
 
Entrar en Ex Esma produce un conjunto de sensaciones que son difíciles de describir.  La sensación aumenta al estar acompañado por el Dr. Ricardo Augman, funcionario de la Secretaria de Derechos Humanos de Argentina quien me va contando, poco a poco, los acontecimientos y las actividades clandestinas que se desarrollaban en este centro.
 

 
 
Es una experiencia abrumadora entrar al edificio denominado entonces "Casino", antiguo cuartel de oficiales, donde se practicaba la mayor parte de torturas y retenciones ilegales de ciudadanos sin cargos explícitos, ni asistencia letrada, ni supervisión de jueces. En la tercera planta se pueden oir los testimonios de personas que lograron sobrevivir en el Esma o en cualquiera de los otros centros clandestinos de detención distribuidos por Argentina. La sensación es la expresión del sufrimiento; no es lo mismo verlo, leerlo y no oír ninguna voz. Uno no puede llegar a ser consciente de lo que esas víctimas, ahí retenidas injustificadamente, pudieron llegar a padecer. Es cierto que el mero hecho de ir escuchando las voces de los propios testigos te sacude el ánimo y te exalta contra semejante atrocidad. 
 
 
En la segunda visita que realicé al espacio conocido como "Casino", ya más cerca de la temporada caliente en Buenos Aires, en la tercera planta, que es donde permanecían retenidos los detenidos-secuestrados, el sofocante calor del lugar me  ha hecho sentir una sensación de agobio, tristeza y miedo. Miedo multiplicado en los cuerpos de aquellos que pasaron las víctimas torturadas y enclaustradas durante meses, sin ningún tipo de ventilación, con la capucha puesta en la cabeza, sin poder ver nada, con una alimentación pésima y en cubículos minúsculos.
 
Los "traslados" -llamados vuelos de la muerte-, eran el final terrible de algunos que se encontraban hacinados en esa tercera planta en condiciones inhumanas. Era el momento en que despegaban vuelos del aeropuerto cercano con los reclusos encapuchados y los tiraban al océano vivos. Ahora los aviones cruzando el cielo me aproxima al terror. Es difícil no sentir un escalofrío que recorre la piel.
 
El sótano oscuro, frío, con un techo rebajado y una viga que los encapuchados no podían ver, golpeaba la frente de las víctimas. Servía para amedrentar el ánimo de las personas y representaba el inicio o el fin de la tortura durante los interrogatorios, y en muchos casos el fin antes de un "traslado". 
 

 
Estos son tan solo algunas de las atrocidades que se practicaban en ese centro clandestino de detención, tortura, trabajo y exterminio. 
 
Según las fuerzas armadas y de seguridad, principales culpables de lo que sucedió en esos centros clandestinos, hasta la fecha de hoy se mantiene un discurso en que se realiza una rebaja en el número real de desaparecidos. Según dicho sector hay 10.000 desaparecidos, muy lejos de los 30.000 que mantiene la sociedad argentina. Con dicho planteamiento, las fuerzas armadas y de seguridad dan a entender que no fue tan grave lo que sucedió. Todo lo contrario; el mero hecho de que haya un solo desaparecido es suficientemente grave, y rebajar la cuantía de las cifras no minimiza el daño que infligieron sus perpetradores a víctimas, familiares y a la sociedad argentina en su conjunto. 
 
Por otro lado, muchos edificios se encuentran en el mismo estado en que quedaron al final de aquella época (con la degradación propia del paso del tiempo), dado que son prueba en los juicios de la Mega-causa Esma que se están llevando a cabo para enjuiciar a los culpables, algunos de ellos ya muertos, para que respondan ante la justicia por los crímenes de lesa humanidad que cometieron. Algunos otros de los responsables han muerto a la espera de condena.
 
Siguen en proceso otras muchas causas que se han juzgado, se están juzgando o se van a juzgar -en ello está la justicia argentina. Es una tarea inmensa que por ahora no parece tener fin: cada vez aparecen más testigos dispuestos a declarar y se hallan pruebas que inculpan a nuevas personas. 
 
Dentro de ese recinto encontramos otros edificios, como por ejemplo el de las Abuelas de la Plaza de Mayo, o el centro cultural Harolodo Conti, la mayoría destinados a tres objetivos: preservar la memoria, conocer la verdad y hacer justicia para Argentina. Estos tres fines, aparte de la vía judicial y las investigaciones que siguen en proceso, la sociedad argentina los mantiene organizando talleres, encuentros, exposiciones, sesiones de cine, de teatro, recitales de poemas, un sinfín de actividades gratuitas y abiertas a todos los públicos, para hacer llegar al pueblo argentino y al mundo, un mensaje de la historia Argentina y la necesidad de que no caigan nunca en el olvido. Es una forma de hacer llegar al mundo un periodo de dolor que no se puede repetir.
 
Es importante que la gente tenga fácil acceso a tales recintos, es muy relevante el cuidado del entorno -como la hierba, los árboles, los carteles, las imágenes en las ventanas de los edificios, las pintadas en los suelos, etc.-, un sinfín de detalles que permiten que el recinto, habiendo ocurrido lo que allí sucedió, ahora sea un sitio que favorece a rendir homenaje -entre otras muchas formas- a todas las personas que padecieron. 
 

 
En cada una de las ocasiones en que he tenido la oportunidad de de entrar al predio, me han sobrevenido sensaciones encontradas, un choque de pensamientos, un sentimiento muy profundo que eriza la piel. Al salir del "Casino de oficiales", la sensación de dolor es común. 
 
Esto va más allá de las sensaciones; se trata de tener la oportunidad de explicar y difundir una parte -importante, esencial- de lo que ocurrió en Argentina durante los años 1976-1983. Es fundamental que estos proyectos de memoria, justicia y verdad se mantengan vivos; enriquecen a la sociedad en su conjunto. Silenciar acontecimientos como los que vivió Argentina durante la no tan lejana dictadura sería negar lo evidente. Hechos históricos que resolver existen en todos los países, y esta es una gran oportunidad para no volver a caer en los mismos errores. 
 
Solo así se mantienen vivas las sociedades. Argentina es un gran ejemplo de cómo sí es necesario mirar de frente a la historia; y afrontando así su pasado, se encuentra muy viva la esperanza y la necesidad de justicia.  
 

12/11/2019

Conozca el Código de derechos Humanos.