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ACTO DE APOYO Y HOMENAJE AL PUEBLO UCRANIO

  por Lic. Mónica Chama

Ante los muertos solemos guardar respetuoso silencio, pero alcanza con que una sola muerte sea resultado de la barbarie para que nuestras voces se conviertan en trueno en defensa de la vida y la dignidad de los seres humanos.

Sin duda todos los que estamos hoy aquí, Rechazamos profundamente la invasión de las tropas rusas a Ucrania, y la guerra que ha desatado.

Es más, nos duele y no queremos callarlo.

Y ello no es una postura sentimental, es una postura esencialmente ética.

El uso de la violencia, la violación de los derechos humanos fundamentales, Y, decisivamente, el accionar mortífero como modo de dominación … nos vuelve a enrostrar lo inhumano que toda visión dictatorial conlleva.

Hoy, se avasalla al pueblo ucranio  y se avasalla también a buena parte del pueblo ruso que se opone al horror de esta barbarie.

Y, en realidad, se nos avasalla a todos, porque nos hace testigos de la masacre. De las pérdidas humanas de ambos países, del dolor de miles de desplazados, del sufrimiento y desamparo de quienes viven en suelo ucranio, en especial las mujeres, niñas, niños, obligadas abruptamente al desamparo de  un incierto destierro...

Y tantos otros hechos que desafían nuestra capacidad de espanto.

No conozco Ucrania;

No conoceré la Ucrania que muchos de ustedes llevan en su mirada, esa Ucrania sólo estará presente en el recuerdo de quienes han tenido la fortuna de conocerla.

Sí… sé a la distancia, del valor del pueblo ucranio.

Sé de la resistencia de miles de civiles que en medio de la tragedia defienden su tierra, su dignidad, su historia. Y sé de la vergüenza doliente de buena parte del pueblo ruso.

Porque, finalmente, siempre son los pueblos los que pagan la violencia de las tiranías con sus vidas expuestas, con su dolor irreversible.

Y mientras nosotros intentamos balbucear palabras que den sentido a la insensatez, mientras “Tratamos de hablar, de explicar, de entender, las palabras caen bajo el estruendo de las bombas y torna pueril todo intento de comprender la matanza,  como bien dijo la filósofa Diana Sperling.

Sin embargo seguimos hablando, porque el lenguaje es la tierra fértil del lazo social. Y, como esa niña que en  un refugio de Ucrania cantaba en ruso inundando de ternura el espacio, nosotros debemos afianzar nuestros lazos sin callar, Resistiendo los discursos del odio que los poderes necesitan imponer, Resistiendo las explicaciones de tácticas, estrategias, o visiones geopolíticas, que intenten justificar cualquier accionar que nos violente.

Es más, Resistiendo  la retórica que hace de los derechos humanos una suerte de declaración  normativa  de corrección política… pero sin efecto alguno sobre la verdad  que nos toca vivir.

Y las mujeres sabemos de ello, sabemos porque lo padecemos.

Porque hubo un momento en el que la diferencia fue convertida en desigualdad, en el que el mundo fue dividido en amos y esclavos, elegidos y excluidos, civilización y barbarie. 

Seguramente no podemos fechar aquel momento, pero podemos apostar a que coincidió con los tiempos del surgimiento del “Mito del Héroe. Porque aquél que salía al mundo, y retornaba con la “pócima sagrada”, daba respuesta a todo interrogante y resolvía todo problema… pero a la vez, traía consigo la idea del otro, el diferente, el enemigo… que debía ser dominado, violentado, definitivamente excluido de las polis.

Los unos y los otros, los que hablaban y los que no tendrían voz.

Y las mujeres fuimos parte de este último conjunto, pues, la mirada de las antiguas diosas de la tierra, de lo cultivable y la sustentación del grupo, (nuestra Pachamama) …  dejó de ser importante, y en su lugar se valoró la visión triunfante de la conquista, la dominación y el poderío que las consolidaba.

El varón, blanco, urbano, triunfante: devino paradigma universal.

Tal es así que, en las primeras declaraciones de los derechos humanos, elaboradas hacia fines del Siglo XVIII subyace este patrón como referencia: “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, el título deja ver quiénes serían beneficiarios de los derechos.

Y, si alguien supone que las mujeres estábamos incluidas en la ciudadanía, basta con recordar el trágico destino de Olympe de Gouges, autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, fue guillotinada cuatro años después de esta Declaración por “el delito de haber olvidado las virtudes de su sexo para mezclarse en asuntos de la República.

Ahora bien, desde entonces, y especialmente después de la 2da. Guerra Mundial… hemos recorrido un largo camino…como decía una propaganda de cigarrillos. 

Hoy, La relación entre los derechos de las mujeres y los derechos humanos es un tema incorporado a las “agendas” internacionales… Y podríamos enumerar Declaraciones, Convenciones, Legislaciones específicas, modificaciones constitucionales…

 Sin embargo, Las inequidades subsisten, la violencia es cada vez más brutal y el reconocimiento a las acciones y saberes de las mujeres parece diluirse en una concepción que nos considera casi exclusivamente víctimas.

Algo no anda…. ¿Qué falla?, ¿cómo seguimos?

Es cierto que el tratamiento de nuestros derechos acarrea una deuda pendiente. Pero esa deuda, a mi criterio, no tiene que ver, centralmente, con   una agregación de derechos que conciernan a lo que se ha dado en llamar la “temática de la mujer”.

La deuda tiene que ver con una concepción de fondo acerca de la construcción de la sociedad, de los derechos y deberes de los ciudadanos, de los lazos que los sostienen.

Será difícil abrir las puertas de la reconciliación si no logramos sustituir la lógica del dominio, la exclusión, la desigualdad... pero también de la ambición, el desatino y la soberbia, que en aras de imaginaria grandeza, ha devastado a mujeres y hombres.

Sí, el trato desigual da por tierra derechos fundamentales de varones y mujeres…, y las diversidades sexuales que la época ha puesto sobre el tapete.

Pero ese trato desigual ha significado que año tras año se silenciara nuestra voz, se desvalorizara nuestra mirada.

Y No se entendiera que nosotras no queremos sumarnos a este mundo porque "corresponde”, sino porque estamos convencidas de que es necesaria nuestra presencia para, precisamente, intentar un mundo diferente.

Por eso insisto, la deuda tiene que ver con volver a poner en valor aquello que nos ha sido coartado, aquello que ha sido devaluado y soterrado.

Nuestra particular manera de mirar el mundo, nuestra particular manera de pensar y solucionar los conflictos, nuestro saber hacer…diferente, por cierto.

No somos ni seremos tenores, es más, no lo pretendemos… Tenemos nuestro propio repertorio, que años de exclusión ha silenciado.

nosotras, todas y cada una, tenemos derecho a que nuestra voz sea escuchada con sus tonos, sus ritmos, sus cadencias.

Y venimos demostrando que nuestro tono tiene que ver con crear consensos, con la construcción de poder más horizontal, radial en realidad, con la cooperación, con el cuidado…   

La deuda implica, entonces, que sin pausa   se implementen acciones tendientes a desterrar ese discurso  que considera que el otro es nuestro enemigo, que debe ser cancelado o excluido…Que las políticas públicas consideren el derecho de   Vislumbrar en la ambigüedad de los contrarios no una oposición insuperable  sino,  la complementariedad de una tensión entre fuerzas  distintas,  sea…el otro idioma, el otro color, el otro sexo…-citando a la Lic. Adriana Agüero en u escrito sobre Tradición y Saberes-.

En suma:    recuperar el valor fundante de la Declaración de los Derechos Humanos que, tal como señaló Eleanor Rossvelt  “Comienzan en los lugares pequeños, cerca de casa, tan cercanos y pequeños que no se pueden ver en ningún atlas, pues son el mundo de la persona individual; el barrio en el que vive; la escuela  a la que asiste; la fábrica, la granja, o la oficina donde trabaja.

Estos son los lugares donde cada hombre, mujer, niño, buscan igualdad ante la ley, igualdad de oportunidades, igual dignidad Sin discriminación.

Si estos derechos no tienen significado ahí, no lo tendrán en ningún otro lugar.     Sin una acción ciudadana concertada para defenderlos. Nuestra búsqueda del progreso en el mundo será en vano”.

Y este es el camino que debe retomarse, esta es la deuda más importante:  Explicitar que los Derechos no son una concesión de líderes o gobernantes, ni de individualidades preclaras, los Derechos son ejercicio de la ciudadanía.

Es nuestro Derecho a tener Derechos lo que debe estimularnos.

Y así, en ese mismo acto, en el que aparece nuestra singularidad, se inscribe el otro y el lazo social que con él construimos.

El nos-otros, nos-otras, nos-otres. Un coro, en todo caso, en el que nuestra voz sea una más.

Un coro que se oponga a   los totalitarismos que se ocultan tras cantos de sirenas… que nos hablan de autonomía, de liberación, de independencia… pero impulsan el sálvese quien pueda del individualismo que sostienen… y a cualquier precio.

Debemos seguir el ejemplo del pueblo ucranio… que supo anteponer el legado, las tradiciones, los arraigos culturales, lo valioso de las diferencias. Con dolor y aún forzados…sobre el margen de exponer su vida…optaron por defender su libertad.

Es mi esperanza y mi deseo que no sea necesario el horror, el dolor o la desesperanza para despertar esas ansias…,

Porque, de eso se trata la libertad.

De una elección, entre las posibles y del compromiso de generar cada vez mayores y más justas versiones de lo posible.

Por eso las mujeres decidimos hablar y no ser habladas por nadie, hacer y confiar en nuestras propias fuerzas y la de nuestras compañeras de aventura.

Exigiremos lo que se nos debe.

Finalmente, eso es el tan mentado “empoderamiento”. Es nuestro derecho.

 

25/04/2022

Conozca el Código de derechos Humanos.